
Al respecto, os traslado el artículo de opinión, publicado en el Diario español "Público", por su Subdirector Manuel Rico, el domingo 18 de abril de 2010, bajo el título "Lo llaman Justicia, pero no lo es", que cito textualmente y que resulta interesante por su claridad y cordura:
" Un Estado democrático tiene la obligación de eliminar cualquier obstáculo legal y facilitar todos los medios económicos necesarios para que los familiares de las víctimas de una dictadura puedan encontrar a sus muertos, darles sepultura e investigar qué ocurrió para que terminaran en una cuneta. Esta afirmación es de tal sentido común, que parece imposible que genere cualquier tipo de polémica pública. Pero España, en muchas cosas, sigue siendo diferente. Aquí hay una parte de la derecha, que ocupa importantes parcelas del poder político, mediático y judicial, instalada en el sectarismo más cerril. Un sectarismo que le permite defender, impasible el ademán, que no hay necesidad alguna de enterrar dignamente a los muertos. Los muertos de los demás, claro. España sigue diferente porque aquí no ha existido una comisión de verdad, aquí no se ha juzgado a quienes cometieron crímenes contra los derechos humanos, aquí no se ha reparado la memoria de las víctimas y , para cerrar el círculo del despropósito, cuándo a un juez se le ha ocurrido iniciar esa investigación de los crímenes franquistas, resulta que termina en el banquillo acusado por la misma organización falangista que participó en el genocidio. ¡ Cómo no van a estar perplejos desde Nueva York hasta Sidney!
El resultado no puede ser más desolador: desactivada la causa iniciada por el magistrado Baltasar Garzón, la mayoría de los jueces locales están archivando las denuncias sin tomarse ni siquiera la molestia de investigar los crímenes. Lo llaman Justicia, pero no lo es."
Tras leer este artículo, recordé la extraordinaria novela de María Dueñas "El tiempo entre costuras", que os recomiendo por ser de las que crean adicción y comenzada su lectura no se pueden abandonar hasta el final, permitiendo su fluida narración correr vertiginosamente sobre sus páginas, en busca de respuestas. La novela es una mezcla apasionante de ingredientes para un plato fuerte: viajes, guerras, espionaje, amor, etc..., y de sus inteligentes páginas he extraído el siguiente fragmento, que me parece puede explicar con cierto humor el origen de todos los males que nos aquejan, y que revela el perfil de los personajes de Franco y su cuñado Serrano Suñer, cuya sombra de represión se extiende hasta el presente, influyendo y contaminando lamentablemente nuestro destino e impidiendo una verdadera reconciliación entre todos los españoles, que por elementales razones, requiere que se reconozcan los abusos injustificados cometidos finalizada la guerra, y se levante cualquier impedimento legal para hacer Justicia al fin con los vencidos, para así restaurar el honor de todos e iniciar una nueva y sana andadura.
"...Franco y Serrano, Serrano y Franco, dos absolutos desconocedores de la política internacional, ninguno de los cuales había visto el mundo ni por un agujero, se sentaban a tomar chocolate con picatostes en El Pardo y, mano a mano, diseñaban sobre el mantel de la merienda un nuevo orden mundial con la pasmosa osadía a la que sólo pueden llevar la ignorancia y la soberbia."
Del libro "El tiempo entre costuras". Autora: María Dueñas, Ediciones TH (Temas de Hoy), sello editorial de Ediciones Planeta Madrid S.A. 2009